Sana sana
Nena, vos y yo sabemos bien cuánto dolió cada herida.
Pero no podemos seguir ancladas a esa nana.
Hay que hacerle sana sana, porque sino, no podes jugar tranquila en la plaza.
Cada tanto, tu nostalgia te arrastra hacia viejos (muy) vínculos, amistades, relaciones pseudoamorosas, buscas en lo viejo conocido porque te mata de miedo lo nuevo por conocer.
Ay nena nena... Leímos muchos cuentos de hadas y miramos muchas pelis de disney.
No va a venir ningún príncipe azul a salvarte, pero... Me tenes a mi que soy tu Reina.
Yo te cuido, yo te mimo, yo pongo límites que vos no pudiste, porque no sabías cómo.
Yo permito que nos amen, permito salir a jugar con quienes nos valoren.
Dormí tranquila, mi chiquita.
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