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Poco a poco comencé a marchitarme, mi luz cada vez brillaba menos. Por intentar salvar a otros, comencé a dejarme para después. Mi mirada decaía, mis ojos ya no reían. Estaba muy preocupada en sobrevivir, olvidando que había venido a vivir. Hasta que una mañana desperté y noté que estaba muerta. Noté que no respiraba, no oxigenaba cada rincón de mis sueños. Noté que mi cuerpo estaba entumecido, rígido por la carencia de danza. Noté que mi voz estaba apagada, ya no cantaba. Noté que durante 20 años agonicé. Noté cómo por diferentes razones había enjaulado mis deseos esos que quería cumplir cuando niña. Y ahora? Ahora estaba muerta, escalando nubes para llegar al cielo, deseaba descansar. Deseaba sentirme a salvo. Una vez allí en el limbo, una dulce voz me dijo "Tenés la posibilidad de volver a la tierra y dejar de sobrevivir, para comenzar a vivir, debés ser la persona de tus sueños, sin importar lo que pasé, cantá, bailá,...