Ana no duerme.
Te siento, siempre ahí latente, esperando el momento justo para atacar. Mejor dicho, volver a atacar. Esa obsesión que tienes conmigo, ese amor por sentir y poder ver mis huesos. Sé cuanto te gusta tomarle fotografías a mis caderas, o a mis costillas. Sé también, la satisfacción que te da sentirme con el estómago vacío. Es que suena enfermizo. Lo es. Ambas sabemos que nos atraemos, logramos dejarnos por algunos meses, pero siempre volvemos a buscarnos. Porque no podemos vivir una sin la otra. Me haces más daño del que yo podría hacerte, pero es que tal vez sea un tanto masoquista. A pesar de que me encantes, jamás le hablaría a alguien de ti, jamás le diría que en cierto punto, me gustó conocerte. Nunca le aconsejaría a alguien que intente conocerte. Tu no duermes, solo esperas que salga la luz del sol para empezar a perseguirme nuevamente. Enfermiza obsesión.