Fui esa.

Yo fui esa. 

La que siempre estaba dispuesta.

La que siempre te esperaba, con una sonrisa y brazos cálidos.

La que no te cuestionaba nada.


Fui esa... 

La que se conformaba con verte los días de semana y soportaba el filo de la soledad los fines de semana.


La que soportaba la cama helada cuando no estabas. 


Fui esa, la que te daba paz.

La que te esperaba para hacerte caricias y darte besos de amor. 


Porque si, te di todo mi amor y ternura.

Porque no mido, no sé dosificar. 


Acepté mi lugar. 

No me quedó opción.

No pude elegir.

De verdad, no pude.

No me dejaste. 


Porque con una semana bastó para querer tenerte cada día...


Porque calmabas mis heridas.

Porque hacías mis días más cálidos. 


Nos despedimos y me dijiste "yo te escribo"...

Aún espero un mensaje tuyo.

Dónde estuviste esa noche? 

Dónde estuviste cuando quise acabar con todo?

Dónde estás ahora?


Porque no te veo. 

Porque no te leo.

Porque no te escucho.


No tuve el coraje aquella noche para echarte de mi cama y ponerle punto final a nuestra historia.

No pude...


Tal vez, sólo tal vez hubiese sido más fácil así. 

No lo sé. 


Pero sí, fui esa. 

Sin orgullo y con vergüenza.

Fui la otra.

Fui lo que siempre juré destruir. 


Y vos, ahí vas, vestido de galán, jugando a olvidar cada suspiro que te regalé.

Cada caricia que tatué con delicadeza en tu piel. 
Cada beso...

Fui lo mejor del amor, para vos, para mi, para nosotros. 

Para las horas que compartíamos. 


Pero también lidié con las consecuencias de ello. 

Sola. Muy sola. 


Yo no te guardo rencor...

Corres con ese privilegio encima.

Espero sepas aprovecharlo.

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